Cuando una mujer entra en el despacho de Smithson, su sentido común escapa por la puerta.
Tras la Separación, los duendes domésticos fundaron Newgard para vivir en casas humanas como las que abandonaron. A ella acudieron Afortunados y Gente Pequeña, razas que nunca habían estado juntas recorrieron las mismas calles y cometieron crímenes causados por viejas rencillas y nuevos vicios. La Corte impuso la Ley de Hierro, pero en una ciudad donde todos esconden su identidad tras ilusiones, descubrir al culpable es algo tan improbable como encontrar a unos detectives que acepten el reto.

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